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lunes, 13 de septiembre de 2010
Ya tardaba ¿verdad?
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viernes, 16 de julio de 2010
39 (years old) "El Toro"
lunes, 12 de julio de 2010
El día en que (por fin) ganamos un Mundial de fútbol
11 de Julio de 2010. Un día, al fin de alegría, que aunque no libre de los pesares cotidianos de tantos, al menos alivia un poco...
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Particularmente, el fútbol, que tan mal se ha portado conmigo en el pasado (hace un mes y pocos días, sin ir más lejos, según relataba en este blog) daba ayer una alegría. Por motivos de super
Era justo que 60 años después del primer mundial (donde España no participó), y pese a la importancia de nuestra liga, de nuestros clubes, de muchos jugadores nacionales a lo largo del tiempo, no teníamos nada. Arrancamos en la Olimpiada de Amberes en 1920, con Zamora de portero ("1-0 y Zamora de portero", decían entonces), donde nació la Furia Española (recuerdo del histórico saqueo de la ciudad por las tropas españolas), con aquella frase mítica: "Sabino, a mí el pelotón, que los arrollo.". Luego vino el gol de Zarra a la Inglaterra de Sir Stanley Matthews (el longevo jugador al que dediqué una entrada en este blog), que pocos pudieron disfrutar, salvo por la radio (en la voz de Matías Prats padre) o el No-Do, y que nos metía entre los cuatro primeros de un Mundial, el Mundial de 1950, en Brasil, el del Maracanazo.
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Vino el gol de Marcelino en la Eurocopa de España (1964) a la URSS (España vestía de azul, como ayer). Luego, fracaso, tras fracaso, prácticamente (salvo el oro de la Olimpiada de 1992) hasta la Eurocopa de Suiza-Austria de 2008, con el gol del "Niño" Torres y el "abuelo" sabio, Don Luis Aragonés (inventor del nuevo estilo de la selección).
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Ayer estaba en La Manga. Era el cumpleaños de mi hermana. Por la mañana temprano salimos hacia Cabo de Palos, a comprar unas tartas. Era el día de la ilusión. La Gran Vía de La Manga plagada de edificios repletos de banderas rojigualdas. Hasta un coche rojo había sido pintado para la ocasión(se notaba) con una franja amarilla. Sonó el "Waving flag" (otro himno del mundial, junto al "Waka waka") en la radio. Recordé cuando era un crío y nos tuvimos que conformar con ver una final entre Italia y Alemania en nuestro propio Mundial, y celebrar los goles italianos y las paradas de Dino Zoff. Cabo de Palos parecía una fiesta. Gente de todas las edades con camisetas de España, con banderones sobre el hombro, como si se encaminaran al estadio. Casas con banderas. Un conocido restaurante tenía su particular terraza de verano engalanada con los colores nacionales y un cartel "Restaurante El Mosqui: Hoy Final Holanda-España. Reserva ya tu mesa para el gran día."
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A las 7 de la tarde saqué mi camiseta de España, comprada tras la semifinal contra Alemania (agotadas poco después), me la puse con la esperanza de ver un triunfo español en una final mundialista, pero con "la mosca tras la oreja". Saqué de la maleta mi bandera española, la que adquirí para el encuentro inaugural de La Nueva Condomina (España-Argentina, que rima y todo). Le puse su mástil y la coloqué ondeando al "viento fuerte de levante" en una esquina de la terraza playera.
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Sufrimiento en familia, ni siquiera pude cenar. Una espléndida tortilla de patatas encima de la mesa del salón esperaba que pasaran los nervios. Primera parte, nada, segunda, nada, prórroga... Los holandeses, renunciando a su historia, demostraban poco "fair play" (lo de tirar a puerta haciendo como que te ceden el balón, o devolverlo "deportivamente" desde campo propio al banderín de córner contrario) se empeñaban en repartir leña (con Van Bommel y el karateka De Jong al frente). El árbitro, el señor Webb (que pasará a la historia de los más nefastos y vergonzosos arbitrajes de las finales, y a la selección como en su día fueron Bambridge -gol de Míchel a Brasil en México 86- o Al Ghandour -Corea-) quería dialogar (supongo que en su trabajo no será tan dialogante), perdonaba tarjetas a los naranjas, que además lo protestaban todo. En el cuerpo tenía (teníamos) una losa. El "Santo" Casillas apareció en los momentos clave, salvando goles de forma increíble. Cuando todo parecía que se abocaba a los, para España, casi siempre malditos penaltis, apareció la jugada, el Niño, el gran Cesc, y el humilde y genial Andrés Iniesta. Gol con generosa dedicatoria al malogrado compañero del club rival, Dani Jarque. Mis sobrinas con sus caras pintadas (3 y 5 años) se acababan de ir a dormir ( o eso parecía). Me levanté del sillón, corrí como un poseso. Grité: "Siiiiiiiiiiií". Agarré la bandera. Comtemplé el festorrio de mis vecinos (pantalla gigante incluída en la urbanización). Los coches por la Gran Vía. Abrazos con mi hermana, cuñado, padres, alegría, aplausos al recoger la Copa...
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Gracias, nunca se olvidará.
domingo, 27 de junio de 2010
Mis 10 Km de Blanca: "Magnum certamen certavi...".Como dijo el otro: "Lo importante es participar".
LA SALIDA:
Suena el disparo de salida. Presiono el botón del pulsómetro-podómetro y el del mp3. Salgo lanzado, a un ritmo del que prácticamente no me percato (según me dicen unos 5 minutos el kilómetro, o no sé si menos, porque ni miro al reloj). Excesiva confianza y desconocimiento del recorrido. Dicen que los que iban conmigo se quedaron alucinados, como diciendo dónde va ése. Miro a mi lado y no los veo. Primera rampa de subida a pocos metros de empezar, junto al campo de fútbol, que enlaza con la entrada al pueblo desde Murcia. Primeras cribas. Es una escalada y no me la esperaba. La gente empieza a separarse. Aguanto junto a una chica rubia de pelo rizado y camiseta negra (posteriormente será una de las que me animen). Entramos en la Gran Vía blanqueña con los aplausos de bastante gente a los bordes de la calle.
PRIMERA PARTE DE LA CARRERA:
Subimos la rotonda de "la Farola", pasamos por delante de "Helados Paco", las Escanales, y antes de cruzar el puente sobre el limpio (en Blanca sí) y bello Segura, Victoria me adelanta (creo que fue ahí).
SEGUNDA PARTE:
El calor aprieta y lo noto (maldigo no haber cogido la gorra o unas gafas para quitar el sol de la cabeza y de frente. Una y otras están en casa. Allí están bien...). Al pasar de nuevo por el avituallamiento no queda agua (prueba de la dureza, del calor y de la humedad), y me dan un trozo de hielo grande que derrito contra mi nuca y mi cara... Me cruzo con Antonio que va hacia el punto intermedio, y viene a un ritmo tranquilo y me dice que ahora nos vemos, que me coge y que bajaremos al pueblo juntos.
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Asfixiado, a los pocos kilómetros del encuentro con mi tocayo, recojo del suelo dos de los botellines de agua de otros corredores y me los vierto sobre mi cabeza hasta que me empapo entero, de arriba a abajo.
sábado, 19 de junio de 2010
Hoy más que nunca: Viva el Real Murcia. Siempre Real Murcia
